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Tiempo de hechos

El final del siglo XX se ha caracterizado por la primacía de las políticas liberalizadoras en la industria. Se han hecho habituales las palabras liberación, competencia, mercado... y se ha perdido el concepto de política industrial, esencial para cualquier país que desee instaurarse en un desarrollo sostenible, y además da la impresión que ha desaparecido el "sector estratégico" del vocabulario político.
Los próximos años son esenciales para despejar positivamente las incertibumbres de la minería del carbón, y solventar esta situación pasa por un mayor compromiso social y político con el futuro del sector y de las comarcas mineras. En este sentido, las espectativas que abre el Libro Verde, documento que marcará las directrices energéticas de la Unión Europea, son un tanto preocupantes para la supervivencia de la minería porque establece en el futuro el mantenimiento de tan sólo una pequeña actividad subvencionada en los países de la Unión Europea.
El Gobierno Español ha manifestado que considera esencial el carbón, pero debe ir más allá, debe defender el carbón autóctono como un sector estratégico y unirse a Alemania en la defensa de la minería para reorientar las consideraciones del Libro Verde, un documento que afecta también al sector minero a través del eléctrico. La limitación de emisiones de gases a la atmósfera conllevará el que muchas centrales de generación tengan que adaptar sus equipos a la nueva directiva medioambiental, lo que supone elevados costes que pueden persuadir a las empresas eléctricas para que utilicen otra fuente de energía, dependiente de terceros países, como es el gas.
La financiación del Tratado CECA el próximo 23 de Julio de 2002 y las consideraciones de impacto medioambiental son un punto de inflexión que, de ninguna manera, puede reducir a la minería a ser un sector residual dentro del mapa energético de la Unión Europea. En ese marco es imprescindible el compromiso político para evitar la desaparición de la práctica totalidad de la minería europea del carbón en un corto período de tiempo, garantizando a través de las negociaciones en las Instituciones Europeas la continuidad de las ayudas más allá de la expiración del Tratado CECA y comprometiéndose el Gobierno Central a que el 15 por ciento de la energía eléctrica generada en España sea con carbón autóctono. Esto garantizaría una producción de más de 14 millones de toneladas/año y un futuro para la minería y las comarcas mineras después del 2005.
Para ello es también imprescindible el compromiso del Gobierno autonómico y su apuesta decidida y clara por la vertebración de la región, en la que las comarcas mineras tienen que encontrar alternativas industriales y de servicios como parte que son del entramado urbano y productivo del área central, y su interrelación con las alas de la región. Este compromiso se debe materializar en el Plan Complementario para las comarcas mineras, en el que se den soluciones a la reordenación territorial, al asentamiento de población, a la actividad industrial, al empleo, a la formación y alos incentivos empresariales. Y en el que se deben fijar proyectos singulares que den credibilidad al Plan, cuantía de las inversiones, plazos de ejecución y el montante económico global, resultante de los compromisos suscritos. Son tiempos de hechos y la minería es un sector estratégico.

 
 
San Vicente, castillete del movimiento obrero
 
Si uno escucha el castillete de san Vicente puede imaginarse cuando el entorno del pozo se debatía entre lodos azabaches y un manto vegetal espeso.
A este pozo le ha estado remocicando una escuela-taller de FUCOMI.La réplica de la casa de máquinas y el castillete deben ser ejemplo de restauración fidedigna de la arqueología industrial, tal y como defiende el SOMA-FIA-UGT, que cedió las instalaciones para uso social y para albergar la historia del movimiento obrero y sindical de Asturias. El pozo san Vicente deberá convertirse en patrimonio vivo del sindicalismo minero.
La recuperación de la arqueología industrial de las comarcas mineras tiene una simbología especial para el sindicalismo minero cuando se trata del pozo san Vicente, primera experiencia exitosa de autogestión empresarial realizada por mineros. Aquel reto fue una apuesta por la socialización de bienes para resolver el problema estructural de la minería, que se truncó con la guerra civil, después de once años de trayectoria, no exenta de grandes dificultades. "Nuestra historia está llena de comportamientos y actitudes de los que debemos sentirnos orgullosos y la expresión de esa historia es este castillete donde tendrá que responder en sus fines al movimiento obrero y, en ese sentido, así ha sido nuestra cesión" reclama José Ángel Fernández Villa, el secretario general del SOMA-FIA-UGT.
Este sindicato cedió voluntariamente este patrimonio para el desarrollo de un escuela-taller "que debe ir orientado a ser un elemento de expresión de la historia del movimiento obrero, para que todos los ciudadanos, en particular los jóvenes sepan de donde venimos y hacia donde vamos". En ese sentido, la ejecutiva y los cuadros sindicales del SOMA-FIA-UGT han exigido públicamente una restauración fidedigna de las instalaciones históricas del pozo para que se dedique a la difusión de la historia del movimiento obrero y sindical asturiano, una temática ausente el Museo de la Minería y de la Industria (MUMI).
El proyecto de autogestión de esta explotación minera, impulsado por Manuel Llaneza y apoyado por una ejecutiva tenaz, cosechó grandes logros sociales y económicos: "Fue la primera explotación minera que redujo la jornada laboral, que reconoce el derecho de accidente y enfermedad, que amplía el período vacacional y donde por primera vez se pone de manifiesto a la patronal y al Gobierno que una gestión empresarial eficaz podía hacerlo viable para competir con los carbones de importación" recuerda Fernández Villa.
El castillete ha permanecido varios meses cubierto por una tela de araña metálica, que al retirar el andamiaje ha dejado al descubierto una estructura restaurada mediante aire a presión, recuperando la lozanía de principios de siglo. Las labores de recuperación de estas instalaciones, con gran valor histórico-sindical, han estado en manos de 60 jóvenes de la Escuela-Taller "Valle del Nalón II" de la Fundación para las Comarcas Mineras (FUCOMI) que las han estado restaurando desde diciembre de 1998 para dotarlas de una funcionalidad que hasta la actualidad estaba reducida al abandono y al olvido.
La mina san Vicente recobra así su papel social, ayudando a adquirir una formación y una profesión a jóvenes desempleados que serán futuros fontaneros, albañiles, electricistas... Javiers, de 22 años, es uno de los alumnos, apenas sabe del pasado de esta mina, pero tiene claro que su estancia en ella es "una oportunidad para los jóvenes desempleados".
El pozo de san Vicente recobra salud previsiblemente para dedicarse a completar la oferta cultural del MUMI, asentado sobre la escombrera de la mítica mina. De esta forma, el patrimonio del SOMA continúa siendo valedor del principio de servicio desinteresado a la sociedad. El castillete y la sal de máquinas de extracción vuelven a ser parte del patrimonio industrial de las comarcas mineras, un patrimonio sindical, un patrimonio de todos y para todos
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