La conmemoración, en el presente año, del centenario de la constitución de la Federación Socialista Asturiana y del 90º aniversarioa de la fundación del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias son buenas razones para que los socialistas sintamos la necesidad de volver la mirada hacia nuestros orígenes y hacer así un ejercicio de memoria crítica sobre las experiencias acumuladas a lo largo de la última centuria.
Reflexionar sobre cómo fue el desarrollo del socialismo vivido en Asturias, recordar como sindicalistas el papel y las aportaciones realizadas por el SOMA, hace ineludible evocar con gratitud histórica la labor y los sacrificios realizados por millares de compañeros anónimos, elogiando, con especial admiración, la figura de Manuel Llaneza por haber puesto en marcha un formidable movimiento de tranformación social de cuyos frutos son beneficiarios en la actualidad los trabajadores y el conjunto de la sociedad asturiana.
Para la organización que represento, recoger en una publicación como esta las imágenes que pueblan nuestra memoria colectiva, recuperar la historia viva de los compañeros ausentes, conjugar esos retazos del pasado con nuestras experiencias más cercanas y difundirlas para evitar que caigan en el olvido, no sólo simboliza el mejor homenaje que podemos tributarles sino una obligación inexcusable, puesto que su recuerdo constituye la mejor herramienta con que contamos los trabajadores frente a la injusticia social y el autoritarismo. Creo, sinceramente, que esas son razones que justifican esta obra.
Sin menoscabo de merecidos reconocimientos, éste es también un tiempo propicio para hacer balance de nuestra aportación en la defensa de los trabajadores y de los intereses de las comarcas mineras y de Asturias a lo largo del siglo XX, aspectos que tendremos la oportunidad de abordar con mayor profundidad durante las Jornadas de estudio programadas con motivo de la celebración del aniversario de nuestra fundación.
El sindicato de los Obreros Mineros de Asturias se ha mostrado, a lo largo de su ya densa historia, como fiel reflejo de las aspiraciones de los trabajadores más allá de las circunstancias personales. Tras la guerra civil, logró mantener su capacidad organizativa y así luchar contra la Dictadura. De hecho, fue la primera organización que contó con representantes para hacer frente al sindicato vertical. Posteriormente, durante la transición política de la Dictadura franquista a la Democracia, elementos sustanciales del cambio que vivió la organización del Estado como las autonomías y la preocupación territorial, fueron claves de nuestra actuación pública; sin olvidar que el SOMA lideró, con nombres y apellidos, el manifiesto con el que convocaba a los trabajadores a la huelga general ante los lamentables sucesos del 23-F.
Nuestra organización consiguió así dar continuidad al modelo sindical y político de Manuel Llaneza. Hacer compatibles la capacidad negociadora y la movilización social es una clara muestra de esa cultura sindical que hemos heredado del fundador del SOMA.
Quizás resulte oportuno recordar también que la constitución del SOMA-UGT, actualmente SOMA-FIA-UGT, en 1910; la puesta en práctica de un modelo de sindicalismo moderno que no era ajeno a la acción política; y las profundas convicciones socialistas de sus líderes más significativos favorecieron desde el primer momento la extensión organizativa de la Federación Socialista Asturiana por toda la región. También es justo reconocer que el Sindicato Minero Asturiano, sin la concurrencia del socialismo político, no habría conseguido afianzar, en beneficio de los trabajadores, conquistas y derechos sociales históricos.
Sin esa presencia política del sindicalismo socialista, el razonable bienestar alcanzado por los mineros y los trabajadores asturianos en general durante el siglo pasado, no hubiese sido posible; como no es aventurado vaticinar que los progresistas de la región, sin ese recurso histórico del socialismo, plasmado en las relaciones de solidaridad entre partido y sindicato, difícilmente estaríamos en disposición de ofrecer una respuesta convincente y eficaz a los nocivos efectos sociales que las políticas neoliberales amenazan con producir en Asturias escudándose en criterios puramente economicistas.
Frente al fatalismo neoconservador existen otras opciones. La desigualdad social tiene alternativas y el sindicalismo socialista está obligado a buscarlas y proponerlas. Desenmascarar las premisas neoliberales, que amenazan, al igual que hace un siglo, con volver a reducir a los trabajadores en meras mercancías humanas, hace de nuevo imprescindible que los trabajadores renovemos nuestras alianzas con el mundo de la cultura.
Con este objetivo, el SOMA ha conseguido dar continuidad a la filosofía que tuvieron en su origenlas Casas del Pueblo, auténticos centros de formación y cultura para los trabajadores, promoviendo encuentros y jornadas de diverso tipo, así como iniciativas populares como la anual concentración de Rodiezmo.
En esta misma línea, los valores progresistas inherentes al humanismo universitario son hoy más imprescindibles que nunca en la contrucción de las sociedades contemporáneas. De ahí que nuestro sindicato esté obligado a recuperar el compromiso social que acompañó a los profesores que formaban parte de la Extensión Universitaria de Oviedo, el comportamiento ético de rectores como Leopoldo Alas, o la colaboración de intelectuales de la talla de Fernando de los Ríos.
Sin duda alguna, no existe una mejor manera de hacerlo que comenzar agradeciendo a un demócrata comprometido con el socialismo, a un universitario de la talla intelectual de Gregorio Peces-Barba, rector de la Universidad Carlos III de Madrid, su participación en esta historia gráfica del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias.
José Ángel Fernández Villa
Secretario General del SOMA-FIA-UGT